El curioso caso de Internet Button

Este último fin de semana me hice el valiente. Instalé Windows 7 en mi ordenador. Todo iba sobre ruedas, ningún fallo, ningún contratiempo. Pero, insensato de yo, lo último que comprobé fue si funcionaba bien el Wi-Fi. Zas, en toda la boca.

Hasta hoy, he tenido que sobrevivir sin Internet. Busqué ayuda en todas partes, en webs, foros, hasta mandé un e-mail al servicio técnico de Jazztel. Sufrí como… como un sufridor. Dos largos días aguanté sin poder conectarme. Pero al tercer día, resucitó. Me pasó igual que a Enjuto Mojamuto: al final la conexión vino sola. Como se fue, vino.

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Vuelve con papi.


Postre de puro merengue

Los que echaban de menos las deliciosas recetas culinarias de Otringal están de suerte. Para vosotros, que os encanta la nata, vamos a aprender a cocinar un postre de puro merengue. Viscoso, pero sabroso.

Para los que os hayáis quedado con hambre, tenéis dos platos más después del salto. El primero, un postre con mermelada, rico rico. El segundo, y no por tanto menos nutritivo, un postre típico australiano, para los auténticos gourmets.

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¡Oh, no! El equipo de Gmail se ha puesto en contacto conmigo en exclusiva para comunicarme lo siguiente.

[…] Para activar su cuenta e iniciar sesión en los servicios de Google - Gmail®, se le pedirá que especifique su dirección de correo electrónico y una contraseña, a las que nos referimos como sus credenciales de Google - Gmail®. Si tiene una dirección de correo electrónico alternativa que haya sido proporcionada por Google - Gmail® (p. ej. las que acaban en gmail.com) esa dirección de correo electrónico y la contraseña asociada serán sus credenciales de Google - Gmail®. […] Las siguientes opciones, si no son seleccionadas, harán que su cuenta nuevamente permanezca inactiva, de forma que deberá comunicarse con el soporte de Google - Gmail®. Usted tiene 15 días a partir del envío de esta notifiación, para reactivar su cuenta de Google - Gmail®, pasado ese tiempo su cuenta quedará automáticamente eliminada.

¡Pero qué malotes! Si hasta se han currado una página de acceso a la web igualita…


Dejadme vivir, perros

Si hace poco unos sonidos fantasmagóricos me perturbaban, ahora ha llegado un mal mayor. Los perros. Animales peludos, de cuatro patas, con rabo, morro, que huelen a perro, que no caben en el váter. Sus aullidos, que se cuelan por las puertas y ventanas, a través de las paredes, por la cocina, el comedor. Me atormentan. Un husky siberiano trepa por mi pierna, a su parecer jugosa. Un joven aúlla en el patio; sus dueños no saben que si no pueden tener un chucho en el piso, porque molesta, es mejor no tenerlo.

Los acaricias y te lo agradecen. Y tú te sientes satisfecho, porque el perro te sonríe por el mimo y piensas “parece una personita”. Pero luego te hueles la mano, y apesta a perro por todas partes. Ladra, hace ruido. Ni siquiera puedes dormir porque ya hay una jauría en tu mente. Todos desentierran huesos, se recogen a los pies de la cama y miran con con cara de incomprensión el regocijo audiovisual de la tele. Levantan las orejas o quieren jugar. Gruñen cuando algo no les gusta. Guau. Perros.


La última encuesta del CIS muestra datos pesimistas respecto a la economía de España. Sólo cerca del 8% cree que mejorará en 2010.

El primer año oficial de crisis ha acabado y la población española se mantiene escéptica respecto a la economía y la política. Según el barómetro de diciembre del CIS, el 72’6% de los entrevistados considera mala o muy mala la situación económica; el 59’1% piensa que el principal problema de España es el paro, situándose esta preocupación por encima del terrorismo y la vivienda.

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Hay dos tipos de confianza:

  1. La intimidad y fidelidad que tiene uno consigo mismo o con los demás y
  2. la soltura que se tiene respecto a las personas con las que tratamos (desconocidos, compañeros, amigos, familiares…).

La globalización ha traído una resaca de faltas de respeto desmesuradas fruto del hábito, de la sensación de igualdad, del egocentrismo y de la falsa confianza. Jóvenes que tutean a sus mayores, maltrato, religión, naturaleza, formas de expresión sin sentido, drogas. Medios de comunicación. Por el orden y la justicia se exige que los policías vayan armados por la calle. Cada vez hay más gentuza suelta por el mundo.

Respetar a alguien es tratarlo conforme a su dignidad. ¡Gentuza! ¡Que sois gentuza!


El fantasma del piso

Cuando estoy solo en mi piso, sumergido espiritualmente en mi habitación, suceden los fenómenos paranormales más extraños. Siempre a mí, joder. Un pánico fuera de control recorre mi espina dorsal cuando, en un día de viento como el de hoy, un gato fantasma se estremece. Su maúllo recorre todos los rincones del piso, su eco rebota desde abajo hasta arriba por el patio de luces. ¿Dónde está? ¿Qué quieres de mí? Miaaaaauuu…

Pero eso no es todo. Hay un gran espíritu en el piso. El fantasma líder, el fantasma jefe final, el fantasma Bowser-Ganondorf. De vez en cuando, algo, alguien, cercano o lejano, emite su aullido. Da igual la hora del día, el tiempo atmosférico o el Ibex 35. El sonido, grave y difuso, se podría asemejar al de una arcada. Es realmente escalofriante. ¡¡Aaaah!! ¡Ahí está otra vez el fantasma! ¡Maldita percepción extrasensorial! ¿Alguien llama a Iker Jiménez mientras voy a por papel higiénico?


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Comparativa física de Freeman y Mandela. Fotografías por Getty Images.

Es innegable la gran relevancia de Nelson Mandela dentro de la historia de Sudáfrica y mundial. Invictus es la glorificación del ex presidente, a quien se le retrata como un buen hombre, optimista, luchador, justo, trabajador, alguien que tenía a los habitantes de su país por familia. En la peli se cuenta el uso que se le dio a la selección de rugby sudafricana para unir a la población enfrentada. Es lo que promete el tráiler: buena, pero no deja de ser otro pastelón de los que viene acostumbrando a hacer el Clinis, técnicamente casi insuperable, sin duda alguna. Sé que Eastwood es un cineasta alabado, pero sus últimos trabajos no me terminan de convencer; Million Dolar Baby no me terminó de cautivar y Gran Torino me gustó mucho a secas, aunque he de decir en su favor que El intercambio me encantó. Aún así Invictus no me ha dejado indiferente y le he clavado un 8.

Aquí veo un fallo. No sé si es que le exijo mucho al director. El problema que planteo es que voy al cine queriendo descubrir un alarde de efectos (emociones virtuales, vértigo, sangre, saltos desde el cielo) y me encuentro escéptico con una historia pequeñita que tergiversa lo habitual. Magnífica ambientación, agradable banda sonora, actores buenos (aunque a Matt Damon le doy un suficiente) y un guión bordado. En realidad, este es el gran Cine, como debería de ser (¡no lo digo yo, lo dicen los expertos!). Como creo que mis cavilaciones han sido un poco difusas, lo explicaré de otra manera: piscina de crema de tu propio tamaño en la que te caes y no puedes salir hasta que te comes toda la deliciosa crema, y luego te da una diarrea que te cagas, pero dices “pero, ¿y lo buena que estaba la crema?”. Queda claro.


¡Hace un frío del carajo!

Hace un frío del copón. Esta mañana, al ventilar la habitación, se me han helado los huesos y he tenido que escapar a un lugar más seguro, acordonando la zona y etiquetándola como área inerte polar.

Mañana la gente sale disfrazada a la calle. Es Carnavales. Esta vez no hemos construido un tanque como el del año pasado, no estábamos tan aburridos, ni nos hemos currado un gran disfraz. Hace dos años Chirli confeccionó uno de Altair (Assassin’s Creed) que era la leche. Yo he picoteado entre trajes sueltos que he encontrado. Voy a vestirme de policía zombi afro.

Sí, es una chorrada, pero es lo que toca estos Carnavales. Además, ir de poli zombi afro no está tan mal. Por lo menos iré bien calentito, al contrario que los que se disfrazan de chica. Y hasta va a nevar. Lo sé. He hecho una apuesta con un amigo. Si no nieva le encuentro chorba; si nieva, hace lo que le pida. Como soy un jugador astuto me he metido en la Agencia Estatal de Meteorología y he comprobado que para mañana hay un 85% de probabilidades de precipitación y aviso de nevada. Voy a tener un esclavo, ¡bien! Se me han congelado los dedos.


Suicidarse sin dolor

El laboratorio de investigadores de Otringal ha descubierto una manera de suicidio indoloro perfecto. Los que tengan miedo de realizar esta práctica de acabar con la vida por miedo a lo que puedan sufrir o a que haya algún fallo y se queden pikis el resto de su existencia, están de enhorabuena.

Tenemos que suicidarnos en un espacio alto y cerrado. No tiene que haber ventilación porque queremos inundar levemente el lugar con CO2. Tiene que hacer mucho frío y debemos ir en ayunas. Nos disponemos a saltar al vacío desde una altura de cuatro o cinco plantas. Pero antes de hacerlo, debemos tomar cinco pastillas de somníferos y un trago de tequila.

Una vez en el aire, activaremos un dispositivo que hará que tras nosotros caiga un camión, para que cuando nos desmembremos en el suelo nos aplaste. Pero no aterrizaremos en el suelo, no, lo haremos sobre una piscina que contendrá una mezcla de agua, lejía y gasolina. Estará electrificada y en llamas. Hacia nosotros apuntará una jeringuilla que nos contagiará un surtido Nestlé de enfermedades: el SIDA, la gripe A, el síndrome del intestino irritable… Además, habrá un detector de movimientos para que cuando lleguemos a tocar la piscina una pistola nos dispare, una guillotina nos atraviese y una bomba nuclear explote. Por último, una gorda se comerá el polvo resultante.