Diamantes de Sierra Leona (2ª parte)

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A la mañana siguiente, la madre de Tom estaba muy mórbida. Sudaba y tosía, y tenía una fiebre altísima.
El joven se preocupó mucho. Ahora comprendía bien la gravedad de la situación. ¡Aquel sitio iba a ser su propia destrucción! Había que escapar de allí cuanto antes. Pero lo primero era sanar a su madre.
Corrió hasta las casas de los patronos. Sabía que ellos tenían medicinas para curar las heridas y las enfermedades. Se asomó por las ventanas de las viviendas. La mayoría dormían sobre sus colchones de pluma. Pero había una casa que estaba vacía: la del malvado señor Hank. Tom conocía las consecuencias que conllevaría que el cruel inglés le descubriese en su morada. Aunque por otra parte, su madre estaba delirando…
No se lo pensó más. Saltó al interior del edificio. “¡Date prisa!”, se dijo. Empezó a revisar un armario, en el que no encontró lo que buscaba. Después rastreó los cajones de la mesa. Nada. Entonces, cuando estaba a punto de darse por vencido, se topó con una maleta que sobresalía unos centímetros por debajo de la cama. Era blanca y en su tapa se mostraba una cruz roja. Tras abrirla, reconoció el aspecto característico de una caja de aspirinas. La tomó.
-¡¡Eh, tú!! –gritó Hank, abriendo bruscamente la puerta de la estancia. Fumando, como siempre. A Tom se le hizo un nudo en el estómago. El gordo opulento avanzó hacia el escuchimizado menesteroso.- ¿Qué haces aquí?
Tom intentó esconderse tras de sí la caja de medicamentos.
-¿Qué llevas ahí? –se la arrebató y la examinó.
-Señor… mi madre está muy enferma –balbuceó su esclavo.
La tensión de Hank se exaltó sonoramente. Dejó el puro, agarró al sierraleonés del cuello y lo agitó violentamente.
-¿Que tu madre está enferma? –repitió el inglés envuelto en ira-. Vamos a verlo.
Entonces, entre patadas, pellizcos y manotazos, el vejador se mostró con su trabajador frente a la familiar de éste.
Ella tenía la cara empapada de lágrimas y sudor. Apenas tenía fuerzas para levantar la cabeza y mirar a su hijo.
En menos de dos segundos, Hank empuñó su pistola y disparó contra la mujer. En menos de dos segundos. Fue horrible.
-¿Ves como no está enferma? –se burló cruelmente a carcajadas y se marchó.
Tom se arrodilló y gimió de dolor. Sus ojos explotaron en lágrimas. Su madre ya no sentía. No vivía. El tiempo se detuvo. Entonces sonó, con un eco, una voz en el lugar.

De entre las tinieblas, vibran, suspiran con paciencia nula, el hecho es inminente y la fuerza máxima, su iluminación desemboca en las sombras, y atrás, en el camino…

El caos se apodera tras sus pasos, pero el lugar se vuelve más vivo que nunca, siendo tanta la energía que se deposita en el misterio de un suceso, jamás visto, al menos de la forma en que ahora se calibra…

Espadas al viento, siento, cuchillos adentro, misterio, atentos al suceso, siento, batallas contra el tiempo…

Así lo anunciaba en su profecía… y preparándose, sonriente caballero, anunció sin comentar, vibra esa energía…”

Continuará…

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