El rico y el pobre

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

El multimillonario se encontraba paseando por el parque. Cuando tornaba de retirada, se cruzó con un vagabundo ebrio que porfiaba a su dios y reía histéricamente. El multimillonario le reprochó, buscando las más adecuadas palabras pudientes:

—Señor: hiede usté a sucio, hiede usté a flor.

Por la noche el vagabundo se revolvía en sueños, resonando en su cabeza la frase que le habían sentenciado. «Señor: hiede usté a sucio, hiede usté a flor.» «No olería a sucio si tuviera donde regarme. No olería a flor si en un ara pudiera enlazarme.»

Share.

Comments are closed.