El niño con el pijama de rayas

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niñopijamarayas Quien quiera echarle el guante a este libro, que sepa primero que lo recomiendo; y segundo, que no siga leyendo esta entrada para mantener la trama en la sorpresa. Tenía ganas de comentar unas cuantas cosillas acerca de El niño con el pijama de rayas (finalmente me he decidido cuando he visto el tráiler de la dudosa adaptación cinematográfica)… «Estará escrito por un rojo», mencionó un amigo cuando le expliqué de qué iba. Lo digo como anécdota de reflexión.

El argumento gira en torno a Bruno, un niño de nueve años alemán que se muda con su familia a una casa en Auschwitz, y que conoce a Shmuel, un niño judío que vive al otro lado de la alambrada, y con el que compararán el protagonista y el lector sus distintos mundos. Hasta aquí todo muy bien. La novela se lee con fluidez y el final es verdaderamente cautivador. Pero hay fallos. Fallos muy gordos. Cito a Microsiervos:

¿Cómo es posible que el hijo de un alto funcionario del régimen nazi no sepa quienes son los judíos ni que su país está en guerra en 1942? ¿Cómo es posible que no sepa pronunciar correctamente el título del Führer? ¿Cómo es posible que un niño judío internado en Auschwitz no sepa lo que está ocurriendo allí? De hecho, un niño de esa edad, igual que los enfermos y ancianos, habría sido casi con toda seguridad enviado a la cámara de gas nada más llegar. ¿Cómo es posible creer que Bruno y Schmuel puedan pasar horas cada día al lado de la alambrada del campo sin que nadie los vea y que ésta esté lo suficientemente floja como para poder pasar por debajo, por no hablar de que en el MundoReal™ estaban electrificadas?

En este sentido el libro es muy irreal. Que el protagonista, que además es un as en Historia, no sepa en qué situación está su país, aporta una visión muy parcial de lo acontecido, y eso hace que yo, personalmente, valore peor esta historia. Porque ya sabéis que la imparcialidad me mola.

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