Aquello que nunca toca…

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¡La Lotería! ¿Por qué no toca? ¿Por qué todos los años, todas las semanas, e incluso todos los días perseguimos a nuestro lotero más cercano para comprarle el décimo? ¿De qué sustancia embadurnan el papel de los cupones para que se cree tal adicción por comprar cinco números mezclados? ¡No lo entiendo!
Y lo que menos entiendo… el precio. ¿¿20 euros?? ¡Joer! ¿Qué necesidad tengo yo de gastarme un billete de 20 en un cartón que voy a acabar rompiendo? Para eso me compro una piñata, que por lo menos lleva gusanitos por dentro.
Pero claro, en los anuncios nos convencen con la típica escusa: la ilusión. ¿¿¿La ilusión??? Osea, que me paso el día entero buscando al sordomudo que vende los cupones, me tropiezo dos o tres veces persiguiéndole y llamándole: «¡Manolo! ¡Manolooo!» Para después… ¿comprarle ilusión? ¿¿ILUSIÓN??
Entonces, como resumen del día, concluímos:

  1. He derrochado todo un día, no he ido al trabajo, y me han suspendido la nómina. Este año los niños se quedan sin reyes, lo siento.
  2. He hecho el idiota por la calle llamando a Manolo, que, misteriosamente, no me ha visto hasta que no le he tocado.
  3. Me he tropezado, me he caído en la acera y me he hecho pupa.
  4. Me he gastado 20 euros.
  5. Me he quedado sin piñata y sin gusanitos.

Bueno, al menos al final he obtenido mi décimo. Como este año no toque, voy a mandar la ilusión a donde yo me sé…

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1 comentario

  1. es como españa en los mundiales siempre pensamos que podemos ganar q podemos ganar y cuaando no ganamos decimos q no nos volveremos ilusionar pero llega otro mundial y ala otra vez nos ilusionamos

    esot quiere decir : el hombre es el unico animal que se tropieza dos veces con la misma piedra