Los hombres que no amaban las correcciones

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El cielo que nos tienes prometido, Guillermo Aguirre.

Algo me chirría nada más empezar, en el primer párrafo. ¿Quizá sea la añoranza de un punto y coma? ¿Será la descripción de los olivares, que me ha dejado seca? ¿Será porque ha empleado el verbo sentir en dos frases seguidas? Bueno, no quiero ponerme quisquillosa; los amiguetes del Hotel Kafka califican esta novela de «maravillosa», así que no puede ser mala. Sigo leyendo. Aburrimiento, aburrimiento, imágenes pretenciosas y poco originales, aburrimiento, un diálogo que fluye con WC Net, aburrimiento.

Entonces llego a la página 26 y, entre un montón de frases mal puntuadas y acotaciones desposeídas de toda norma estilística, llego a un «porque» que debería ser un «por qué». Cierro el libro. Suspiro, porque he leído por ahí que Aguirre es una promesa de las letras. El cielo que nos tienes prometido es su tercera novela; la primera, que ganó el Lengua de Trapo, la publicó con 25 años. Le doy otra oportunidad: solo dura tres páginas. Ahí, en la 29, hay algún que otro descuido: «intentará» en lugar de «intentara», «preguntó» en lugar de «pregunto». Y la guinda del pastel: un «por qué» que debería ser un «porque».

Cierro el libro. Lo lanzo desde la cama sin mirar dónde cae. Mañana barreré el suelo. Mi cara es de auténtico bochorno. ¿Pero tanto le cuesta corregir al autor antes de mandar a la editorial? ¿Tanto le cuesta corregir a la editorial antes de mandar a la imprenta? Quis custodiet ipsos custodes? Ah, pero la faja del libro es muy bonita… aunque supongo que poner en ella «Guillermo Aguirre, el escritor que imparte clases de escritura y no sabe distinguir entre “porque” y “por qué”» no habría sido una buena estrategia comercial.

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