Invicto, nunca vencido, siempre victorioso

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morgan mandela

Comparativa física de Freeman y Mandela. Fotografías por Getty Images.

Es innegable la gran relevancia de Nelson Mandela dentro de la historia de Sudáfrica y mundial. Invictus es la glorificación del ex presidente, a quien se le retrata como un buen hombre, optimista, luchador, justo, trabajador, alguien que tenía a los habitantes de su país por familia. En la peli se cuenta el uso que se le dio a la selección de rugby sudafricana para unir a la población enfrentada. Es lo que promete el tráiler: buena, pero no deja de ser otro pastelón de los que viene acostumbrando a hacer el Clinis, técnicamente casi insuperable, sin duda alguna. Sé que Eastwood es un cineasta alabado, pero sus últimos trabajos no me terminan de convencer; Million Dolar Baby no me terminó de cautivar y Gran Torino me gustó mucho a secas, aunque he de decir en su favor que El intercambio me encantó. Aún así Invictus no me ha dejado indiferente y le he clavado un 8.

Aquí veo un fallo. No sé si es que le exijo mucho al director. El problema que planteo es que voy al cine queriendo descubrir un alarde de efectos (emociones virtuales, vértigo, sangre, saltos desde el cielo) y me encuentro escéptico con una historia pequeñita que tergiversa lo habitual. Magnífica ambientación, agradable banda sonora, actores buenos (aunque a Matt Damon le doy un suficiente) y un guión bordado. En realidad, este es el gran Cine, como debería de ser (¡no lo digo yo, lo dicen los expertos!). Como creo que mis cavilaciones han sido un poco difusas, lo explicaré de otra manera: piscina de crema de tu propio tamaño en la que te caes y no puedes salir hasta que te comes toda la deliciosa crema, y luego te da una diarrea que te cagas, pero dices “pero, ¿y lo buena que estaba la crema?”. Queda claro.

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