Un millón y medio de hamburguesas van en barco hacia el desierto

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La supuesta odisea de McDonald’s para transportar ingredientes desde España hasta el Sáhara

La noticia

Resulta que el pasado verano, para más inri, la cadena de hamburgueserías number one, esa cuyo nombre no hace falta mencionar para que se posicione en la mente colectiva, inauguró una franquicia en El Aaiún, es decir, en pleno Sáhara Occidental. Una chaladura si obviamos que esta compañía abre un restaurante nuevo cada cuatro horas. Una chaladura irónica si atendemos a la exhibición de cifras: McDonald’s® alimenta al 1 % de la población mundial. ¿Qué mejor oasis para plantar una gran M?

El Aaiún, o Laâyoune (adaptación del árabe al-‘Ayyun, las fuentes), es la ciudad más importante del Sáhara Occidental, ¿os acordáis? Ese trozo de desierto que abandonamos en 1976 y que solo atendemos durante los veranos, cuando acogemos entre 4.000 y 10.000 negritos (depende de la cantidad de arena que desprenda nuestro monedero). El Aaiún tiene unos 200.000 habitantes, más o menos como Alcalá de Henares o Pamplona. O como Almería, pero con más desierto.

Los cálculos

Ha llegado un momento en nuestro trabajo en el cual ya no podemos ignorar los imperios y el contexto imperial de nuestros estudios (Edward Said).

Es fácil caer en suposiciones cuando las políticas de transparencia brillan por su opacidad. Uno escudriña el cristal del McAuto® en dirección a la cocina y piensa, todavía con la noticia a medio digerir: «¿Cómo diantres reproduce McDonald’s® sus recetas en El Aaiún?». No hace falta pelearse con medio millar de relaciones públicas ni vigilar convoys con prismáticos, podemos emprender una investigación desde nuestro propio sillón (para acreditar lo que digo, tengamos en cuenta que este guía no sabe ni papa de logística y que nunca llegó a aprenderse la tabla del ocho), solo necesitamos un lápiz y una servilleta.

Partiendo de la base de que en el Sáhara es difícil sostener la agricultura y la ganadería para una gran distribución (porque, claro, es un desierto), se deduce que los ingredientes necesarios para elaborar una hamburguesa, algunos de ellos exóticos, como el pepino, deben ser importados. Si buscamos información en Internet sobre la cadena de suministros de la compañía, descubrimos que África septentrional apenas es una página 404. (Inciso largo: el dominio en Internet para el Sáhara es .eh y el de Marruecos es .mc. Tiene cierta gracia porque la URL de McDonald’s® en Marruecos debería ser www.mcdonalds.mc. Digo debería porque no existe tal dirección. Por otra parte, si un servidor fuera Maestro de Ceremonias, usaría sin duda este dominio. Si me hiciera llamar MC Tandro, por ejemplo,contrataría www.tandro.mc, aunque no residiera en Marruecos. Yeah). Tal vez debamos navegar en árabe o bucear en las profundidades de un recóndito pedeefe para hallar las respuestas que necesitamos. Y no estamos para malgastar calorías.

Como esa infalible fuente de información llamada Cuñado afirma que las verduras que comemos en España son marroquíes (yo solo sé que en Centroeuropa venden unos pimientos españoles deliciosos), resulta fácil suponer que para África es más rentable comerciar con otros continentes antes que con el Sáhara. Así que, buscando un clavo ardiendo al que agarrarme, he descubierto que España posee acuerdos la mar de seductores con McDonald’s® (solo hay que ojear la página oficial, je je). Resumidamente: en Soria hay fresquísimas plantaciones de lechugas y en Cáceres hay una macrogranja de vacas a disposición de la Gran M. ¿Significa esto que el Big Mac® y la trilogía mediterránea no están tan lejos como parece?

Acudimos, a continuación, a una web de soluciones logísticas para calcular el coste de exportar carne de vacuno al Sáhara. El producto tardaría algo más de tres días (el tiempo que tarda una persona en morir de sed) en llegar saliendo en barco desde la Península. Pero 

¿desde qué puerto? Este ignorante articulista creía que lo más cómodo sería movilizar los tráilers desde Cáceres hasta Algeciras. Pero no. El puerto de Lisboa está más cerca y es más barato, ¡bendita globalización! Unos mil euros te cobran por fletar un contenedor de los gordacos por la ruta de Buena Esperanza. 76,1 m3 es lo que puede albergar, según los estándares, el contenedor más voluminoso. Ahí caben más de 1.750.000 hamburguesas. ¡Más de un millón y medio de hamburguesas en un barco! Te quedas to loco.

¿Y sale rentable que las hamburguesas viajen casi 2.000 kilómetros en mar hasta el desierto? Pues claro que sí, ¿no acabamos de ensalzar la globalización? Por cada filete de carne se pagan 0,0006 € de aduanas. Para que nos entendamos: por solo un euro McDonald’s® puede exportar más de 1.600 hamburguesas. Por supuesto, este estudio tiene sus limitaciones: no se han tenido en cuenta los problemas de refrigeración en el transporte ni en el mismísimo desierto (creo haber insinuado que soy de letras). Quedaría como tarea pendiente averiguar cómo diantres almacenar medio millón de hamburguesas en el Sáhara sin que se derritan o se pringuen de arena.

Todo este asunto viene porque ayer merendé unos caprichillos. Ya sabéis, de esos que tienen un tanto por ciento de ingredientes made in Spain (a no ser que provengan de Marruecos…). Y no me sentaron demasiado bien, como era de esperar. He sobrevivido a la noche vagando entre pesadillas. Y cuando me he despertado he dicho: «Vamos a hacer unos cálculos». En fin, siento que desvarío. O no. Puede que la M amarilla que brilla en el horizonte no sea un espejismo. ¡Mataría por un pepinillo! Buenas tardes, lléneme la cantimplora de refresco. ¿Puede darme más ketchup? Y dígale a ese buitre que le queda muy bien el sombrero.

Imágenes | David StanleySahara Noticias y Miguel Donayre

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