El chico que no sabe captar las indirectas

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(Ésta podría ser la primera parte de una saga extensa sobre gente que no sabe captar indirectas.)

Sé que a veces puedo resultar un tanto quisquilloso, o tiquismiquis, como queráis llamarlo; pero mi paciencia tiene un límite. Este curso me he comprado un netbook para facilitarme la tarea de tomar apuntes en clase (¡un capricho útil!). La verdad es que ya me ha salvado la vida en más de una ocasión. El papel, hasta dentro de diez años por lo menos, no se va a poder conectar a Internet, lo cual es una cruel desgracia. Pero eso es otro tema.

Utilizar el ordenador en clase es una ventaja: puedo revisar el correo en cualquier momento, descargar apuntes y compartirlos (gracias, Dropbox), buscar información sobre lo que dice el profesor e incluso ojear noticias para optimizar al máximo mi tiempo. Pero todo eso se convierte en un fastidio cuando se sienta a tu lado el chico que no sabe captar las indirectas.

El muchacho no es que me caiga mal, pero tiene el defecto de ser muy pesado (eh, si Mark Zuckerberg podía criticar a su ex novia ficticia en su blog, yo también puedo hacer cosas así). Pesado porque cada dos segundos mira mi ordenador para ver qué estoy haciendo. Y no se conforma sólo con eso, no, sino que además no para de hacer comentarios sobre lo que estoy viendo. Eso el primer día te hace gracia, pero al cabo del tiempo acabas volviéndote totalmente emo.

intruso

¡Espía!

¿Cómo reaccionar? Al principio le fui soltando indirectas del tipo «¿no vas a tomar apuntes?». Luego fui tornándome cada vez más borde: «¿te importa cerrar los ojos un momento? Es que voy a escribir mi contraseña», «este sitio [el asiento vacío a mi lado]es para mi monedero», «¡mira ahí: un mono con tres cabezas!». Finalmente, y como sigue sin darse por aludido, me he vuelto totalmente antipático con él, cambiándome de sitio cuando se sienta a mi lado o cerrando el netbook para interrumpirle cuando está comentando algo.

Soy un villano, un bicho malo, pero el chaval es más pesado que una vaca en brazos. Me persigue a todas partes. Me roba la tranquilidad y viola mi intimidad. El tema ya roza la obsesión. Por eso escribo este post, en plan «o se lo dices tú, o se lo digo yo». Todo sea por salvar nuestra relación (esta frase sólo la pongo porque queda guay). Todo sea por que lea esto, se dé por aludido y me deje respirar; por que atienda al profesor de una vez en lugar de preguntar qué estoy haciendo. Por favor: ¡déjame en paz!

Aunque también es probable que haya dejado de leer en el segundo párrafo. Asco de vida.

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5 comentarios

  1. Johannes Andreu on

    Yo si quieres unimos fuerzas como Bataman y Robin contra el villano. Muy bueno lo del monedero!! jajajaja

  2. Esto es muy normal que ocurra, siempre hay cotillas en todos los sitios. Ya verás cuanto te pongas a trabajar en una empresa y los cotillas de turno estén todo el rato controlando que estas haciendo.
    Te entiendo muy bién, a mi me ocurre y no veas como fastidia, lo único que puedes hacer es decirle a la cara lo que piensas y ya verás como no vuelve más a espiarte.