El bote de melocotón en almíbar

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No, este no es aquel bote de melocotón en almíbar. Es una lata de Spam, pero es posible también que el destino me una a ella en un futuro.

Estaba yo un día tan desesperadamente necesitado de glucosa tras la comida que decidí ponerme en busca de un postre digno de mi paladar. Al acercarme al estante de las conservas, pude encontrar un bote de melocotón en almíbar, de los de Hacendado de toda la vida. Estaba junto al hueco de la botella de Aquarius que tiré porque había caducado hace un año, pero esa es otra historia. Tomé en mi mano el bote de melocotón con cuidado, examinando cuidadosamente el manjar que estaba a punto de saborear. Pero antes de continuar con mi relato, un párrafo extraído de El Lazarillo de Tormes, de cuya lectura podéis prescindir:

Parecióme con lo que dijo pasarme el corazón con saeta de montero, y comenzóme el estomago a escarbar de hambre, viéndose puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa; yo, por consolarme, abro el arca, y como vi el pan, comencelo de adorar, no osando recebillo. Contélos, si a dicha el lacerado se errara, y hallé su cuenta más verdadera que yo quisiera. Lo más que yo pude hacer fue dar en ellos mil besos y, lo más delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba; y con aquél pasé aquel día, no tan alegre como el pasado.

Seguid leyendo esta in[enbuscadeadjetivo]historia… si queréis.

Cuando estaba a punto de abrir el bote de melocotón en almíbar para completar mi dieta de aquel mediodía, algún chip en mi cabeza hizo que girara el envase para mirar la fecha de caducidad. Y no fue mala mi decisión. Esos malacatones estaban pasados desde hacía casi medio año. ¡Puaj! Así que determiné deshacerme de aquel veneno para siempre. Lo tiré a la basura y cerré la bolsa para que nadie sufriera. Pasaron unas semanas. Mas, una inocente tarde, cuando regresaba de un relajante paseo, me encontré descaradamente con el bote de melocotón. ¡El mismo! (¡Le hice una marca, puedo demostrarlo!) No voy a decir dónde estaba. Sólo voy a decir que alguien lo encontró en la basura, lo guardó y había intentado en vano comérselo. La anilla para abrir el envase se soltó y la fruta aún sigue nadando, descomponiéndose, en el interior.

Y ahora viene la reflexión filosófica. Es extraño y a veces me da miedo cómo el destino, o lo que sea que mueve los hilos, consigue abrir o cerrar puertas a las personas a su voluntad. ¿Estamos escritos? Hay señales por todas partes. Sonidos, sensaciones, tiempo. No podemos escapar. Demencia, pereza, ruido, suciedad y carne roja. Ahí os dejo para que reflexionéis. Sólo terminaré este estúpido discurso con una palabra:

E    X    O    G    É    N    E    S    I    S

(Voz en off: Porque me apetecía.)

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2 comentarios

  1. Jajajaja. Quizá fue alguno de tus padres que lo vió y penso: ¿la fruta en almibar se pasa? o ¿quién ha tirado estos ricos melocotones? y lo volvió a dejar en el lugar. También puede ser que algun fantasma que habite tu casa estuviera intentando decirte algo, como que murio por esa misma lata o que un melocotonero le cayó encima, nadie sabe.
    Por último, quizás en la bolsa de la basura se creara un mini agujero negro debido a la basura cuantica que acabaria apareciendo en el mismo lugar donde antes residia.
    Pero tranquilo, el destino te pone autobuses, no melocotones ;)jajaja

  2. Eso es de alguien que no para de comer mierda (ejem) y necesitaba algo sano jajaja