Segundo día de instituto

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No había podido dormir nada la noche anterior por culpa de la fiebre. Estaba realmente desorientado en aquel lugar. Observé, solo, a la gente. Sentí curiosidad por el sector marginado. Cuando uno se siente solo siempre recurre desesperado a la clase social que necesita más cariño: los marginados. Pero, eh, yo era superior a ellos.

Por suerte llegó a encandilarme una niña muy bien vestida (quizás algo pija, aunque no parecía superficial) que desde el primer momento me regaló toda su simpatía.

—El miércoles no voy a venir y… —le expliqué.

—No pasa nada. Dame tu móvil y te llamo ese día. Te diré todo lo que haya.

Una sonrisa nació en mi cara.

—Jo.

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