Archivo de Febrero de 2010

Hay dos tipos de confianza:

  1. La intimidad y fidelidad que tiene uno consigo mismo o con los demás y
  2. la soltura que se tiene respecto a las personas con las que tratamos (desconocidos, compañeros, amigos, familiares…).

La globalización ha traído una resaca de faltas de respeto desmesuradas fruto del hábito, de la sensación de igualdad, del egocentrismo y de la falsa confianza. Jóvenes que tutean a sus mayores, maltrato, religión, naturaleza, formas de expresión sin sentido, drogas. Medios de comunicación. Por el orden y la justicia se exige que los policías vayan armados por la calle. Cada vez hay más gentuza suelta por el mundo.

Respetar a alguien es tratarlo conforme a su dignidad. ¡Gentuza! ¡Que sois gentuza!

El fantasma del piso

Cuando estoy solo en mi piso, sumergido espiritualmente en mi habitación, suceden los fenómenos paranormales más extraños. Siempre a mí, joder. Un pánico fuera de control recorre mi espina dorsal cuando, en un día de viento como el de hoy, un gato fantasma se estremece. Su maúllo recorre todos los rincones del piso, su eco rebota desde abajo hasta arriba por el patio de luces. ¿Dónde está? ¿Qué quieres de mí? Miaaaaauuu…

Pero eso no es todo. Hay un gran espíritu en el piso. El fantasma líder, el fantasma jefe final, el fantasma Bowser-Ganondorf. De vez en cuando, algo, alguien, cercano o lejano, emite su aullido. Da igual la hora del día, el tiempo atmosférico o el Ibex 35. El sonido, grave y difuso, se podría asemejar al de una arcada. Es realmente escalofriante. ¡¡Aaaah!! ¡Ahí está otra vez el fantasma! ¡Maldita percepción extrasensorial! ¿Alguien llama a Iker Jiménez mientras voy a por papel higiénico?

morgan mandela

Comparativa física de Freeman y Mandela. Fotografías por Getty Images.

Es innegable la gran relevancia de Nelson Mandela dentro de la historia de Sudáfrica y mundial. Invictus es la glorificación del ex presidente, a quien se le retrata como un buen hombre, optimista, luchador, justo, trabajador, alguien que tenía a los habitantes de su país por familia. En la peli se cuenta el uso que se le dio a la selección de rugby sudafricana para unir a la población enfrentada. Es lo que promete el tráiler: buena, pero no deja de ser otro pastelón de los que viene acostumbrando a hacer el Clinis, técnicamente casi insuperable, sin duda alguna. Sé que Eastwood es un cineasta alabado, pero sus últimos trabajos no me terminan de convencer; Million Dolar Baby no me terminó de cautivar y Gran Torino me gustó mucho a secas, aunque he de decir en su favor que El intercambio me encantó. Aún así Invictus no me ha dejado indiferente y le he clavado un 8.

Aquí veo un fallo. No sé si es que le exijo mucho al director. El problema que planteo es que voy al cine queriendo descubrir un alarde de efectos (emociones virtuales, vértigo, sangre, saltos desde el cielo) y me encuentro escéptico con una historia pequeñita que tergiversa lo habitual. Magnífica ambientación, agradable banda sonora, actores buenos (aunque a Matt Damon le doy un suficiente) y un guión bordado. En realidad, este es el gran Cine, como debería de ser (¡no lo digo yo, lo dicen los expertos!). Como creo que mis cavilaciones han sido un poco difusas, lo explicaré de otra manera: piscina de crema de tu propio tamaño en la que te caes y no puedes salir hasta que te comes toda la deliciosa crema, y luego te da una diarrea que te cagas, pero dices “pero, ¿y lo buena que estaba la crema?”. Queda claro.

¡Hace un frío del carajo!

Hace un frío del copón. Esta mañana, al ventilar la habitación, se me han helado los huesos y he tenido que escapar a un lugar más seguro, acordonando la zona y etiquetándola como área inerte polar.

Mañana la gente sale disfrazada a la calle. Es Carnavales. Esta vez no hemos construido un tanque como el del año pasado, no estábamos tan aburridos, ni nos hemos currado un gran disfraz. Hace dos años Chirli confeccionó uno de Altair (Assassin’s Creed) que era la leche. Yo he picoteado entre trajes sueltos que he encontrado. Voy a vestirme de policía zombi afro.

Sí, es una chorrada, pero es lo que toca estos Carnavales. Además, ir de poli zombi afro no está tan mal. Por lo menos iré bien calentito, al contrario que los que se disfrazan de chica. Y hasta va a nevar. Lo sé. He hecho una apuesta con un amigo. Si no nieva le encuentro chorba; si nieva, hace lo que le pida. Como soy un jugador astuto me he metido en la Agencia Estatal de Meteorología y he comprobado que para mañana hay un 85% de probabilidades de precipitación y aviso de nevada. Voy a tener un esclavo, ¡bien! Se me han congelado los dedos.

Suicidarse sin dolor

El laboratorio de investigadores de Otringal ha descubierto una manera de suicidio indoloro perfecto. Los que tengan miedo de realizar esta práctica de acabar con la vida por miedo a lo que puedan sufrir o a que haya algún fallo y se queden pikis el resto de su existencia, están de enhorabuena.

Tenemos que suicidarnos en un espacio alto y cerrado. No tiene que haber ventilación porque queremos inundar levemente el lugar con CO2. Tiene que hacer mucho frío y debemos ir en ayunas. Nos disponemos a saltar al vacío desde una altura de cuatro o cinco plantas. Pero antes de hacerlo, debemos tomar cinco pastillas de somníferos y un trago de tequila.

Una vez en el aire, activaremos un dispositivo que hará que tras nosotros caiga un camión, para que cuando nos desmembremos en el suelo nos aplaste. Pero no aterrizaremos en el suelo, no, lo haremos sobre una piscina que contendrá una mezcla de agua, lejía y gasolina. Estará electrificada y en llamas. Hacia nosotros apuntará una jeringuilla que nos contagiará un surtido Nestlé de enfermedades: el SIDA, la gripe A, el síndrome del intestino irritable… Además, habrá un detector de movimientos para que cuando lleguemos a tocar la piscina una pistola nos dispare, una guillotina nos atraviese y una bomba nuclear explote. Por último, una gorda se comerá el polvo resultante.

Es una de mis canciones favoritas de Joaquín Sabina. En ella, el cantautor cuenta con maestría cómo un día en el que el diablo se puso de su parte, le atracaron. Pero al darse cuenta los atracadores de quién era, se lo llevaron por ahí de juerga, sin dejarle que pagara ni una ronda. Vivieron muchas aventuras nocturnas, hasta que llegó la hora de despedirse. Entonces hicieron un pacto: ellos le devolvían lo que le habían robado si él les componía una canción. Y he aquí la promesa:

Joaquín Sabina - Pacto entre caballeros

Pasa un tiempo, y Sabina ve en el periódico la foto de uno de los atracadores. Había asaltado el chalet de un millonario y cuando salió lo esperaba la Policía. Y aquí es cuando viene el gancho de la canción para los conciertos, donde se tiran un buen rato gritando “¡Policía! ¡Mucha, mucha!”. Temazo.

Ante esta increíble historia es imposible que uno no dude sobre su credibilidad. He estado investigando por mr. Google, pero no he sacado nada claro. En unas webs se desmiente totalmente el hecho, aunque en otras se explica que Sabina nunca llegó a confirmar la veracidad del asunto. Que ha señalado que hay una parte de la canción que sí es verdadera, pero no ha indicado cuál. Supongo que se referirá a que alguna vez le atracaron y viendo quién era le devolvieron el dinero.

Zelda

Un fan de la saga “The Legend of Zelda” es el creador de esta impresionante imagen, que bien podría pasar por auténtica. El autor, Ryu-Gi, se ha currado una docena de imágenes como la que mostramos, valiéndose del Garry’s Mod, un programa de ordenador que permite modificar el aspecto de un videojuego, manipular objetos y experimentar con la física. (Aquí tenéis otro ejemplo con Mario contra Luigi.)

Su propósito era reflejar el “Zelda” de sus sueños, conservando toda su esencia: unas ciudades soleadas y alegres; las mazmorras, de lo más oscuras y aterradoras; un Link adulto y carismático.

Podéis ver la galería completa en Vida Extra.

Arrepentimiento

Ya me planteé una vez que no había sido tan buena idea. Ahora sé seguro que fue una decisión equivocada. Comprar un dominio está bien; pero ahora tengo que marearme para actualizar WordPress, cambiar la plantilla, instalar los plugins… todo un lío que con Blogger haría en una hora. Pero lo hecho, hecho está. Tan sólo digo que para contar tus cosas al mundo no hace falta gastarse una pasta. Si ya ni me acuerdo de cómo funciona el FireFTP

El mundo de los blogs no da más de sí. Hemos llegado casi a los límites de la inventiva blogueril. Actualmente ya es muy difícil que nos interesemos por bitácoras que no sean especializadas o la bizarra de turno. De vez en cuando descubrimos algo nuevo, algo que nos enciende la sonrisa por su ingenio, por su originalidad, por su novedad. Y decimos “mmmm… esto tiene buena pinta”, y lo añadimos al carro del lector de feeds.

A lo que iba, joder. Ah, sí. Que ya está todo inventado. Que hasta que el mundo de los medios de comunicación no sufra una nueva revolución, el tablero de juego ya está ganado. Lejos de eso, yo tengo cosas nuevas que decir, para gusto o disgusto de la reina. O no. Quizás se me ha ido la cabeza después del examen de cuatro horas que he tenido esta mañana. Frigorífico.

Estoy preparando mi vuelta a las arenas. Hay seiscientos comentarios pendientes de moderación y nuevas veriones de WordPress expectantes por ser descubiertas. En cuanto me acuerde de cuáles eran mi nombre de usuario y contraseña, seguiré dando caña. No estaré a la altura de antes, pero soy un bocazas.

Gracias por haber estado esperando y perdón por mearme fuera de la tapa.