Me complace anunciar públicamente que Google me ha enviado por fin mi primer cheque de publicidad. Me siento feliz, porque conseguir ese dinero me ha costado lágrimas de sudor.
Por otra parte, disculpad mi aparente desatención del blog, pero es que estas semanas ando algo bastante liado (puedo fardar de exámenes), y tengo que organizarme y darle prioridad a las prioridades. Eso no quiere decir que no esté al acecho de los comentarios y correos que broten en mi bandeja, ni mucho menos.
Como esta mañana me he levantado hecho un vago y no tenía inspiración para sacar un tema sobre el que escribir en el blog, he decidido echar mano al recurso más viejo utilizado por el hombre para sacar ideas: el lector de feeds.
Como estas últimas semanas he estado más ocupado que de costumbre y poco he podido bloguear, tenía un montón de entradas sin leer (unas tres mil). Les he echado un vistazo a unas trescientas, a ver si alguna me motivaba a escribir algo. Pero nada, señor, nada.
He estado observando, y quizás vosotros hayáis percibido lo mismo, que el nivel de calidad de los posts que se publican últimamente ha descendido bastante. Lo único que encuentro son enlaces a otras webs, viejas reseñas, traducciones de artículos en inglés, galerías de imágenes estúpidas-irrelevantes… y los que aún tienen algo de fuerzas las malgastan en explicar cuánto moló el EBE (y cuánta envidia me dan, por cierto).
¿Acaso la Blogosfera está en crisis? Porque yo también me noto un poco bajo de ánimos para escribir. ¿Será por este frío otoñal pre-invernal? ¿Será por la crisis económica? ¿Será porque el aliento de mi gato huele a comida de gato? Debe de haber algún motivo.
Nunca he realizado en Otringal un seguimiento demasiado intenso de algo. O tal vez sí, pero no lo he catalogado como tal. El caso es que los seguimientos molan. Es como ver capítulos de una serie que se vuelven cada vez más interesantes, hasta culminar con el gran final.
He decidido seguir de cerca las noticias que salgan de la adaptación cinematográfica de Watchmen. Ya he terminado de leer la novela gráfica y es de lo mejor que he visto en este género (que tampoco es demasiado, por desgracia económica). Lo más que puedo hacer es recomendaros el cómic y que disfrutéis con este trabajo recopilatorio.
Hoy os dejo con una foto de familia: El Comediante, Ozimandias, Búho Nocturno, Espectro de Seda y Rorschach (arriba). A continuación podéis deshaceros en baba con los dos tráilers:
En una pastelería fabrican dos tipos de trufas: las normales y las amargas. Cada trufa normal lleva 20 gr de cacao, 20 gr de nata y 40 gr de azúcar y se vende a 100 ptas. Cada trufa amarga lleva 100 gr de cacao, 40 gr de nata y 20 gr de azúcar y se vende a 250 ptas. En la pastelería disponen de 300 kg de cacao, 180 kg de nata y 300 de azúcar. Calcule cuántas trufas de cada tipo deben fabricarse para que la ganancia sea máxima.
—Dime.
—A ver… yo es que tengo una pregunta sobre este problema… Bueno, más que una pregunta, es una curiosidad: A ver, en la pastelería esta, los pasteleros se supone que van al bosque a coger las trufas, ¿no? ¿Tú sabes… esas trufas están buenas?
(La solución, por si a alguien le interesa, es [N, A] = [5000, 2000])
El arte de la antigua Grecia es el estilo elaborado por los antiguos artistas griegos, caracterizado por la búsqueda de la «belleza ideal», recreando el «mundo ideal» del modelo platónico, o mediante la «imitación de la naturaleza» en el sentido de la mimesis aristotélica.
La cultura desarrollada por los antiguos griegos establece los fundamentos de la cultura occidental. De ella surgieron los conceptos y principios del arte, la filosofía y el saber posterior.
Escultura griega. He puesto que un kouros pertenece al Clasicismo, en vez de al Periodo Arcaico. Me sudan las manos. No quiero morir.
Ya se ha publicado la lista con los ganadores de los Premios Bitácoras.com 2008. He redactado las categorías con los distintos blogs finalistas, y el nombre del victorioso en negrita. El jurado ha decidido otorgar los siguientes premios; enhorabuena a todos:
“He venido engañado por unos ineptos, sucios manipuladores. La literatura es bella de distinta manera para cada alma, esa no es mi culpa, yo sólo me encargo de verme guapo a mí mismo. Me desplazan con una máscara de sonrisa hasta el auditorio. Me lavo, me visto, ¿y para qué? Para tener que regresar a casa humillado. Pero al menos lo hago caminando”.
Ayer vi El niño con el pijama de rayas, la adaptación cinematográfica del best-seller de John Boyne. A pesar de que me la recomendaron encarecidamente, no es una gran película, ni mucho menos. Es una simple adaptación, barata y facilona como ninguna. Han intentado arreglar los errores que tenía la novela, pero aún así les ha quedado una película que más que interés transmite aburrimiento. Nada que se pueda comparar con La Vida es Bella o La lista de Schindler. El final sorprenderá a más de uno, nada más.
Los personajes son totalmente planos, como en el libro. Se le da muchas vueltas a temas irrelevantes (como el de la muerte de la abuela). La dirección se nota desganada. Y se echan en falta más arañazos, mordiscos y pisotones (los que la hayan visto ya me entienden). Si de verdad queréis estremeceros con el grito de dolor de una madre, ved El Orfanato y dejad las películas comerciales para otro día.
Joël Iriarte, catalán conocido en el mundo de la música como Joe Crepúsculo, tuvo la generosa amabilidad de enviarme una copia de su último disco, Supercrepus. Ya nos había adelantado dos canciones, con videoclips incluidos: “El día de las medusas“, un auténtico hit post-veraniego; y “La canción de tu vida“, otra gran composición que atraviesa como un rayo las heridas; pero hasta que uno no escucha el trabajo completo, no se puede hacer una idea de cuán divino es. Supercrepus, interesante palíndromo, destila la misma esencia que Escuela de Zebras, aunque enfocada desde un punto de vista diferente, el amor.
Si las Zebras hablaban de lo desubjetivizado, de los dioses que bajan al mundo de los hombres para mostrar su superioridad: la música del acantilado. El SUPERCREPUS vuelve la cara hacia lo humano, lo cotidiano, aquello que nos ha hecho llorar a todos en algún momento: a nuestras relaciones amorosas. Y escuchando las canciones uno descubre que el amor puede presentarse bajo tres aspectos: 1) el viento 2) el agua o bien 3) la navaja. Con estos elementos se va deshilando el SUPERCREPUS y crea este disco tan difícil de digerir, pero tan necesario. Otro disco de hits universales.
Supercrepus es bastante complicado de definir. Es una caja con sensaciones, misterio, amor y miedo, locura. Es una caja de indefinición. Para comprenderlo, para llegar a quererlo, se necesitan varias escuchas. La primera, para los que no estén acostumbrados a la innovación que supone la música de Joe, puede resultar un poco extraña, apocalíptica. Hay que darle varias oportunidades y atravesar la máscara que se antepone como filtro a la filosofía de la lírica de Supercrepus.
Joe Crepúsculo - Caja de lluvia
Joe Crepúsculo ha evolucionado desde que publicó Escuela de Zebras. En Hipersónica no lo podrían explicar mejor: “Supercrepus es menos directo que su anterior obra. A cambio, tiene canciones más solidas, un enfoque aún más arriesgado y mantiene la sensación de que con Joe ha nacido un músico de talento desbordante, capaz de hacer de lo extraño una buena canción pop que corear.”
Canciones que suenan brillante como “Los faunos”, “Sandra”, “Vente conmigo”, “La canción de tu vida” y “El día de las medusas”, mis favoritas por ahora, te hacen vibrar, con vestigios de un descuidado pop antiguo, pero nuevo e innovador a la vez. Supercrepus es como escuchar “Gabriela”, mi preferida de Escuela de Zebras, pero a lo bestia. Duración de sesenta minutos y descarga gratuita en la web del Crepus.
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