Dunkerque y la tragedia del Mediterráneo: parecidos y diferencias

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Mientras veía la última película dirigida por Christopher Nolan, Dunkerque, no pude evitar acordarme de la tragedia que se vive hoy el mar Mediterráneo.

Pongámonos en situación. La película trata de cómo cientos de miles de soldados ingleses y franceses intentan salir de la playa de Dunkerque, en Francia, durante la II Guerra Mundial. Se encuentran atrapados: el ejército alemán los tiene rodeados por tierra. Su única salida es el mar y, a medida que avanza la película, se acumulan dificultades para cruzar el estrecho y llegar a Gran Bretaña. La clave está en los barcos. Aun estando «tan cerca» de su destino, ¿cómo van a evacuar a tantas personas antes de que el enemigo los aniquile?

La llamada tragedia del Mediterráneo ocurre décadas más tarde. Por diversas razones, y entre ellas huir de la guerra, miles de personas tratan de cruzar el mar y llegar a Europa. Es solo una de las vías que utilizan, pero debido al cierre de fronteras terrestres, cada vez son más las que apuestan por arriesgar su vida cruzando el Mediterráneo en lanchas. La clave aquí está en las medidas de control. Por más que Europa trata de encerrarse en sí misma (en cuanto al tránsito de personas), más rutas alternativas surgen sin ningún tipo de supervisión aun siendo más arriesgadas.

Fuente: Financial Times

De ahí las similitudes: personas que huyen de forma desesperada de la guerra; el mar se interpone en su destino. Les queda un duro y largo viaje.

Y ahora las diferencias:

En el primer caso se trata de soldados mayores de edad que responden a la llamada del ejército para ir a la guerra. En el segundo caso son civiles entre los que se encuentran mujeres embarazadas, niñas y niños que para huir de la guerra pagan más de 1.000 euros por pasaje a las mafias.

Mientras unos desean volver a casa otros quieren dejarla atrás. Y una vez llegados a sus destinos, unos serán recibidos como héroes de guerra mientras otros tendrán que enfrentarse a la discriminación administrativa y al desprecio por parte de grupos racistas (en auge en toda Europa estos últimos años).

Luego está el número de personas que conseguirá llegar a su destino. Mientras que en el caso de Dunkerque existían datos sobre la cantidad de hombres que se desplegaron y cuántos volvieron a su hogar, el número de personas que tratan de entrar en Europa y el número de muertes en el mar es incalculable.

En cuanto a la duración del viaje, la travesía por el Mediterráneo es más larga que en el caso del estrecho por la cantidad de kilómetros a recorrer. Pero no es solo eso. En el primer caso el recorrido se realiza o bien en grandes barcos militares o bien en pequeños barcos privados que van a recogerles.

En el segundo caso, la travesía se lleva a cabo en lanchas hinchables no ideadas para realizar grandes recorridos. A consecuencia, suelen quedar inutilizadas a mitad de camino si no son recogidas por las mafias para volver a utilizarlas. Solo hay un barco, propiamente dicho, que se encarga de recoger a estas personas, el Astral (perteneciente a la ONG de guardacostas Proactiva Open Arms).

Ambos tienen viajes inseguros que podrían complicarse a medida que su destino se acerca. Los barcos repletos de soldados debían sortear los ataques de la aviación contraria. Por su lado, las lanchas tienen que protegerse de barcos como la Generación Identitaria. Este, perteneciente a grupos de extrema derecha, pretende «hundir» a los refugiados.

Y una última diferencia. La II Guerra Mundial ya ha pasado y no se puede hacer nada. Pero sí podemos hacer algo para solucionar los motivos que llevan a las familias de refugiados a huir.

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