El Portu es un señor de origen portugués que hace tiempo decoraba con su música las cercanías de la basílica de mi ciudad. Poco se sabía de él, a parte de lo que se podía deducir a simple vista: un hombre simpático, algo descuidado, quizás vagabundo, que siempre llevaba una guitarra encima, con una buena voz, optimista, y puntual, puesto que siempre estaba allí, a la misma hora, interpretando sus temas con alegría en la calle San Francisco. Los rumores acerca de su vida eran muchos, así que no voy a contar ninguno para no distorsionar la clara figura de Carlinho, que así se llama realmente El Portu.
Un día, aquél simpático señor que cantaba canciones tan propias como “¿Madre, por qué me abandonaste?”, desapareció, sin más. Las lenguas empezaron a hablar; que si lo habían secuestrado, que si había muerto por sobredosis, que si lo habían asesinado… Al final, como ni volvía, ni se sabía nada, la ciudad sacó una conclusión general: El Portu había muerto.
Los más escépticos tuvieron que asumir este rumor, ya que tras la desaparición no surgía ninguna noticia. Pasaron los años, y lo cierto es que nadie se olvidó nunca de El Portu. De vez en cuando podía escucharse a alguien riendo sus canciones o comentando lo de su muerte. Somos así, ¿verdad? Nos gusta el morbo y burlarnos de los que están en una situación peor a la nuestra.
El Portu - “¿Madre, por qué me abandonaste?”
Desde aquí brindo este homenaje a esta gran figura callejera, El Portu.
Y ahora, inesperadamente, como de la nada, aparece un vídeo en YouTube. Un testimonio que confirma que El Portu sigue vivo. Las pruebas son claras; aunque está más envejecido, canta como antes y… es él, sin lugar a dudas. Como un truco de magia desvelado, este vídeo ha traído un montón de información de procedencia totalmente desconocida (por desgracia). El Portu pasó los últimos tres años en Francia, es trilingüe, ha padecido una vida de nomadismo y actualmente se le puede escuchar en Almería.
Son las cosas que tiene Internet. Una noche te acuestas sabiendo que un hombre, un componente ya de la localidad, no está, y al día siguiente te lo encuentras, como la última vez que lo viste, con su guitarra, con su voz, en una página web, dirigiendo a ti su amable sonrisa a través del cristal del monitor. Y comprendes entonces que las leyendas existen y que jamás mueren.







