Archivo de la categoría "Literatura"

Archivo de Noviembre de 2008

Esto es Halloween

“Confusión.” Me despierto por la mañana a la hora de siempre. He dormido bastante bien, pero tengo la incertidumbre de si hoy es un día laboral o no. “Dios mío, no me apetece nada madrugar para ir a clase.” En fin, hay que asumirlo. Empiezo a contar mentalmente los segundos que quedan para que suene el despertador (no sé por qué, siempre sé la hora que es sin necesidad de mirar ningún reloj). “5…, 4…, 3…, 2…, 1…”

Se enciende la radio del despertador. “Mierda, cinco minutos más, por favor.” Duermo a contrarreloj durante ese tiempo, hasta que vuelven a llenar mi habitación las canciones latinas de Cadena Dial. “Está bien, ya me levanto. Voy a la ducha.” De repente, se me enciende una bombillita. “¡Milagro!” Hoy es sábado, habré debido de activar el despertador sin querer. Qué alegría, qué placer. “Voy a seguir durmiendo”.

Una broma de Halloween
, nada más.

Esto es Halloween.

Definición sin fin

Ay, querida RAE, cuántos momentos de entretenimiento nos has dado a lo largo de tus gruesas ediciones…

proletariado.

1. m. Clase social constituida por los proletarios.

proletario, ria.

1. adj. Perteneciente o relativo a la clase obrera.

obrero, ra.

2. adj. Perteneciente o relativo al trabajador.

trabajador, ra.

1. adj. Que trabaja.

Podría estar así toda la tarde.

El rico y el pobre

El multimillonario se encontraba paseando por el parque. Cuando tornaba de retirada, se cruzó con un vagabundo ebrio que porfiaba a su dios y reía histéricamente. El multimillonario le reprochó, buscando las más adecuadas palabras pudientes:

—Señor: hiede usté a sucio, hiede usté a flor.

Por la noche el vagabundo se revolvía en sueños, resonando en su cabeza la frase que le habían sentenciado. “Señor: hiede usté a sucio, hiede usté a flor.” “No olería a sucio si tuviera donde regarme. No olería a flor si en un ara pudiera enlazarme.”

Escribiendo una novela

Este fin de semana he llegado a una determinación: voy a escribir una novela. He dicho. Porque he hablado mucho y al final no he hecho nada. Ahora sí, tengo fuerzas y ganas, me voy a poner en serio. Lástima que no me hubiera decidido hace unos años, cuando fui capaz y no quise. No es lo mismo elaborar una novela con trece años que con diecisiete (no tiene el mismo mérito). Pero, más vale tarde que nunca. He hablado con varias personas cercanas para recolectar opiniones y me he planteado algunas cosas.

El más importante de estos planteamientos es que una vez empiece, no puedo parar hasta acabar. Y ya he empezado. No tengo prisa, pero me he impuesto un tiempo fijo diario, para no oxidarme. Al principio pensé en escribir en rachas de palabras (2.000, como recomienda Stephen King; o incluso mejor, 3.500, como supuesta y admirablemente cumple Claudio Cerdán), pero esta idea se me vino abajo. No siempre voy a poder cumplir la cantidad establecida, lo sé. Mejor, establezco redactar una hora diaria, de lunes a viernes, concentrándome en mi trabajo, y santas pascuas.

Siendo fiel a mis principios, deseo tener listo el libro para diciembre, mes en el que se celebra un importante concurso de novela corta en mi ciudad. Espero que el clima sea favorable. ¡Manos a la obra!

El niño con el pijama de rayas

niñopijamarayas Quien quiera echarle el guante a este libro, que sepa primero que lo recomiendo; y segundo, que no siga leyendo esta entrada para mantener la trama en la sorpresa. Tenía ganas de comentar unas cuantas cosillas acerca de El niño con el pijama de rayas (finalmente me he decidido cuando he visto el tráiler de la dudosa adaptación cinematográfica)… “Estará escrito por un rojo”, mencionó un amigo cuando le expliqué de qué iba. Lo digo como anécdota de reflexión.

El argumento gira en torno a Bruno, un niño de nueve años alemán que se muda con su familia a una casa en Auschwitz, y que conoce a Shmuel, un niño judío que vive al otro lado de la alambrada, y con el que compararán el protagonista y el lector sus distintos mundos. Hasta aquí todo muy bien. La novela se lee con fluidez y el final es verdaderamente cautivador. Pero hay fallos. Fallos muy gordos. Cito a Microsiervos:

¿Cómo es posible que el hijo de un alto funcionario del régimen nazi no sepa quienes son los judíos ni que su país está en guerra en 1942? ¿Cómo es posible que no sepa pronunciar correctamente el título del Führer? ¿Cómo es posible que un niño judío internado en Auschwitz no sepa lo que está ocurriendo allí? De hecho, un niño de esa edad, igual que los enfermos y ancianos, habría sido casi con toda seguridad enviado a la cámara de gas nada más llegar. ¿Cómo es posible creer que Bruno y Schmuel puedan pasar horas cada día al lado de la alambrada del campo sin que nadie los vea y que ésta esté lo suficientemente floja como para poder pasar por debajo, por no hablar de que en el MundoReal™ estaban electrificadas?

En este sentido el libro es muy irreal. Que el protagonista, que además es un as en Historia, no sepa en qué situación está su país, aporta una visión muy parcial de lo acontecido, y eso hace que yo, personalmente, valore peor esta historia. Porque ya sabéis que la imparcialidad me mola.

¿Por qué Literatura sí?

A veces me invaden preguntas de este tipo, qué le voy a hacer. La última en plantearme ha sido por qué se estudia Literatura en los institutos. Más concretamente, por qué Literatura sí, y otras cosas no.

Lo que se hace en esta asignatura (quitándole toda la parte de Lengua que pueda tener) es intentar entender este arte de expresión. Estilos y géneros literarios, obras y autores importantes, el aliento de mi gato huele a comida de gato…

Pero, ¿qué tiene de útil esta materia para situarse por encima de otros conocimientos? Se da cuatro horas a la semana. ¿No sería importante también aprender Historia sobre novelas gráficas? ¿O Comunicación Audiovisual (tanto práctica como teórica)? ¿O Historia de la Música? ¿O cultura general, a secas?

Deseo de escribir

¿Conocéis ese irrefrenable deseo de escribir, que asalta a un ser humano en cualquier momento, hasta cuando está durmiendo? Hoy he sentido eso, a pesar de que estaba tremendamente agotado (volver a la rutina cansa). Manos a la obra.

El viaje de Darcy

viajedarcy Este best-seller de Emily Giffin me dejó con muy buen sabor de boca. El viaje de Darcy (en inglés Something Blue) cuenta la historia de Darcy Rhone, una chica que se vale de su belleza para conseguir todo lo que pretende: amigas que le lamen el culo, un novio rico y guapo… Hasta que un día, su mejor amiga, Rachel, le roba a su prometido… y por primera vez en su vida, Darcy se encuentra totalmente sola. Y para colmo, embarazada. Así que decide desaparecer e irse a Londres, a empezar desde cero. Una trama de telenovela, pero realmente interesante (de hecho propondría a algún guionista que la tuviese en cuenta para escribir una serie de televisión).

El libro tiene 380 páginas que se leen en seguida. Los últimos capítulos son los mejores, cuando Darcy evoluciona al comprender sus errores. No es una novela con la que se aprenda gran cosa, aunque a mí me sirvió para reflexionar y rememorar muchos lugares, y sobretodo, la cultura londinense. Destacaría la forma en que Giffin relata los diálogos, con los detalles necesarios para engullir la historia.

Este es el segundo tomo de una trilogía (el primero, Something Borrowed; el tercero, Baby Proof), pero puede entenderse perfectamente aunque no se hayan leído los otros. Yo no creo que los compre, supongo que serán más de lo mismo, aunque nunca se sabe. Prefiero quedarme con este título, que parece ser el mejor, y dejar los otros para un posible futuro. Os lo recomiendo tanto si os gustan este tipo de lecturas como si no (yo le daría una oportunidad).

Cosas que no enseñan en la escuela

En la escuela no te enseñan a ser feliz. A saborear una caricia. A darle la espalda a lo malo. A ser alguien importante. A hacer que la cena salga buena. A no tener miedo a los monstruos de debajo de la cama. A caerle bien a la gente. A entender al sexo opuesto. A tomar decisiones sobre dinero. A controlarte cuando tienes un ataque de ansiedad. A tener esperanzas cuando no las hay.

Qué decirle a alguien cuando se muere. Qué hacer cuando no tienes a nadie.

En la escuela no te enseñan a amar.

Mientras escribo

Escribir es mágico; es, en la misma medida que cualquier otra arte de creación, el agua de la vida. El agua es gratis. Conque bebe. Bebe y sacia tu sed.

mientrasescriboMientras escribo de Stephen King me ha parecido una novela sobresaliente y para recomendar. Un manual técnico de escritura lleno de consejos, del que se puede aprender mucho, pero que no satura gracias a todas las referencias que hace el autor a sus propias experiencias. Stephen no presume de casi nada. Aporta su visión de las cosas como él cree que son. En “Currículum Vitae” (un episodio donde el escritor narra hechos que pudieron influenciarle para su profesión), he echado de menos elementos que están en sus biografías, como que con cuatro años vio cómo arrollaba el tren a su amigo de la infancia, o que le gustaban los programas radiofónicos de misterio, como On the dimension X. También me he quedado con la curiosidad de saber cuánto cobra un agente literario (risa malévola).

Esta novela, que ya ocupa la posición cuatro de mi ránking personal de libros favoritos, me ha animado y servido de inspiración para empezar a escribir la mía propia. Ya tengo ideados el argumento y los escenarios, sólo me queda liberar en ellos a los personajes y relatar lo que hacen.

Hablando de Stephen King, el otro día vi 1408, un largometraje reciente basado en un relato del autor, y me sorprendió negativamente. Aunque tiene momentos buenos, los de Hollywood se han limitado a coger un cuento y alargarlo insustancialmente para sacar pasta. Nota mental: el Cine debe de hacerse por amor al arte.