Ayer vi El niño con el pijama de rayas, la adaptación cinematográfica del best-seller de John Boyne. A pesar de que me la recomendaron encarecidamente, no es una gran película, ni mucho menos. Es una simple adaptación, barata y facilona como ninguna. Han intentado arreglar los errores que tenía la novela, pero aún así les ha quedado una película que más que interés transmite aburrimiento. Nada que se pueda comparar con La Vida es Bella o La lista de Schindler. El final sorprenderá a más de uno, nada más.
Los personajes son totalmente planos, como en el libro. Se le da muchas vueltas a temas irrelevantes (como el de la muerte de la abuela). La dirección se nota desganada. Y se echan en falta más arañazos, mordiscos y pisotones (los que la hayan visto ya me entienden). Si de verdad queréis estremeceros con el grito de dolor de una madre, ved El Orfanato y dejad las películas comerciales para otro día.
Quentin Tarantino, uno de los iconos más representativos del Cine independiente, es además un maestro de crear modas y estructuras innovadoras en sus películas, como por ejemplo incluir en todos sus trabajos encendedores Zippo y planos desde el interior de un maletero.
Otra curiosidad de sus largometrajes es que en ellos siempre aparece la marca ficticia de cigarrillos Red Apple, que fuman sus personajes o que bien aparecen como parte de la escenografía (a veces como carteles publicitarios). Como podéis ver en la imagen, el paquete, de color amarillo, consta de un dibujo de una manzana roja de la que sale un gusano con rostro humano, sonriendo y fumando; y en la parte superior pone el nombre de la marca. Dentro se encuentran los cigarros, que en realidad son de la compañía Kent Gold.
En Reservoir Dogs podemos ver cómo el Sr. Rosa acepta uno de estos pitillos del Sr. Blanco.
En Pulp Fiction, Butch pide un paquete de Red Apple en el bar. Además, aparece un paquete sobre la mesa donde están sentados hablando Pumpkin y Honey Bunny.
En Kill Bill aparece un cartel anunciando la marca en el aeropuerto de Okinawa cuando llega “La novia”.
En Planet Terror, Wray pide un paquete de cigarrillos Red Apple en el local de JT.
Este fin de semana ha resultado ser muy zombi para mí. El sábado noche me empotré en el sofá y, tras volver a ver John Q, me puse Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet. Y me gustó, pese a que las primeras escenas flojeaban un poco y empalagaban. Me acostumbré, al fin y al cabo estaba viendo una tragicomedia de Tim Burton, y Sweeney Todd no deja de ser otra de sus fabulísticas idas de olla. Me hizo bastante gracia el momento en el que Johnny Depp empieza a cantar a ritmo de cortar yugulares. Muy bonita, por cierto, la canción “Johanna“, interpretada por Jamie Campbell Bower:
Hacerse blogs está de moda, y cada vez más entre los famosos de la televisión. Berto, Buenafuente, Jordi Évole, Quequé o Javier Capitán son algunos de los personajes conocidos que se han sumergido en la ola de las bitácoras. Pero, si os fijáis, la mayoría de éstos no tiene a la vista ningún e-mail en sus páginas para contactar con ellos, aunque dejan los comentarios abiertos; esto es comprensible. A veces es al revés: comentarios cerrados pero hay página de contacto. Tampoco está mal; estas personas recibirán decenas o incluso cientos de correos diarios, deberán estar saturados.
Lo que mosquea un poco es cuando no incluyen ni una cosa ni la otra. Ya no sea porque el lector se sienta “marginado”, sin opción a expresarse, sin medios para añadir su voz al mundo de la web 2.0, sino porque me parece una falta leve de respeto hacia él. ¿Por qué les ha dado a los famosos por hacerse blogs, que se supone que son un medio de comunicación muy directo y cercano, si después no permiten comunicación alguna en ellos? No lo entiendo.
Una foto de Juan y Medio que no viene a cuento. Juan y Medio me cae bien.
No me explico qué diversión tiene actualizar un weblog en el que parece que nadie te lee. Tampoco comprendo qué debería hacer un visitante si se siente ofendido/plagiado por un artículo. ¿Cómo se queja? ¿Cómo sugiere?
El último famoso en abrirse un weblog ha sido el humorista Luis Piedrahita, otro que ha seguido el ejemplo de incomunicarse con sus lectores. Tal es el caso que uno se llega a preguntar si de verdad es él mismo quien redacta los artículos. En fin, esperemos que estas tendencias cambien y esta gente (aunque el mensaje puede aplicarse perfectamente a otras personas, perdón por lanzar la piedra a los famosos) quiera abrirse más a la expresión y a las nuevas tendencias. Internet no muerde (bueno, depende).
Es impresionante. Increíble. Me alegro de haber descubierto esta novela gráfica. Tiene una historia muy absorbente y llena de detalles (tanto gráficos como narrativos), más diría yo que The Sandman, aunque quizás el cómic de Neil Gaiman me enseñó a percatarme de todas estas minucias. Sin embargo, es muy pronto para realizar comparaciones entre ambas obras, las cuales están consideradas de mucho prestigio dentro del universo de las viñetas.
Cuatro de los personajes protagonistas de Star Wars. Sencillo poder identificarlos tan sólo mirándoles el pelo (en el caso de Chewbacca, el pelaje). Me ha recordado bastante a la campaña de sombreros “It’s the hat”.
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