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Lo que más me gusta hacer en el mundo es: hacer el vago y aprovechar al máximo el tiempo. Obviamente, estas dos aficiones siempre están enfrentadas por ser antónimas la una de la otra. Pero creo que gana la primera por recurrencia. Es que no hay ninguna cosa más gratificante (ni más frustante) que hacer el vago. Sí, peco del cuarto pecado capital, pero es que no lo puedo evitar. ¿Y a quién no le gusta? Si hasta los de la tele confiesan su amor por esta actividad. Estar tumbado en la cama, sin hacer nada; o en el sofá, lo mismo da. Eso sí que es vivir. Dejar pasar las horas, abstraído, sin una sola preocupación. Extraer diversión de la raíz del aburrimiento (¡qué bonito!). Como decía Clifton Fadiman: “Aburrirse en el momento adecuado es signo de inteligencia.” Y aún después de dejar pasar el tiempo de forma absurda, y sabiéndolo, te prometes inconscientemente que la próxima vez volverás a repetir con ganas. Eso es felicidad.