Desde que se cayó cuando era pequeño en una copa de vino, Tomás no fue un grillo como los demás de su especie. Es descarado, zafio, vacilón, y tiene su propio sentido del humor. Pero hay que perdonárselo: ¡tiene un blog!

Les presento al nuevo engendro de la Red.

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Para alusiones de cualquier tipo, los comentarios, por favor.