Cuando iba a segundo de secundaria, mi profesora de lengua, en un dictado (ortográfico) con nota, nos hizo poner dos puntos al final de una la palabra, a lo que yo pregunté: “Después de los dos puntos, ¿escribimos mayúsculas o minúsculas?”
Mi profesora, con aires de prepotencia, me contestó: “Sólo hay una forma de empezar la frase después de los dos puntos”, y se negó a añadir nada más.

¡¡Mentira!! Cuando se escriben los dos puntos se puede empezar la frase en mayúsculas o en minúsculas. Por ejemplo, cuando escribes una carta y pones “Querido Pedro:”, a continuación usas mayúsculas; y cuando vas a hacer una lista utilizas minúsculas (Tengo que comprar: huevos, patatas, ketchup…).

En aquél instante no se me ocurrió ningún ejemplo para decírselo a la profesora, y por suerte intuí que debía escribir minúsculas. Pero si en aquél momento hubiese recordado el ejemplo de “Querido Pedro:” que os he citado más arriba, no habría dudado en recomendarle a la profesora lo que tantas veces ella nos dijo: ¡estudiad para el examen!