Estoy decepcionado y sorprendido. El sábado encontré por casualidad en el Carrefú el juego que me faltaba para completar la colección: The Curse of Monkey Island. Cuando le dí la vuelta a la caja para ver lo que ponía detrás, me quedé atónito. Una sarta de mentiras una tras otra. Por ejemplo, había un texto introductorio que decía:

¡He navegado por los siete mares, desde Trinidad a Tortuga, y nunca había visto nada parecido! El anillo de compromiso que le di a Elaine tiene una terrible maldición. LeChuck es el responsable, estoy seguro. Debí haber supuesto que de los tesoros de ese zombi maligno no podía salir nada bueno. Y, por si fuera poco, el adivino que conocí en el pantano Mangrove me ha dicho que para romper la maldición y salvar a Elaine, ¡tengo que morir!

He marcado en rojo cada palabra que miente. No voy a corregir las frases, puesto que si ya habéis jugado al juego, sabréis que eso no es así. Pero es que aquí no acaba la cosa. También hay una serie de frases sueltas por toda la parte trasera de la caja que también están inventadas.

  • Selecciona entre diversos estilos de peinado bucanero en la costa de Barbados. (No sabía que podías cambiarte el look en la ciudad de Puerto Pollo…)
  • Disfruta de una cálida bienvenida con una antigua llama. (Esto ya ni siquiera sé lo que significa)
  • Saquea y piratea esta ingenua aldea del Caribe. (Ojalá…)
  • Animación, voces, sonido y música de calidad cinematográfica. ¡Contempla cómo los muertos vuelven a la vida! (Un pelín exagerado, ¿no?)
  • Aprende una valiosa profesión en el faro y repara aparatos de vídeo. (Esto ya es la gota que colma el vaso. Ya ni se me ocurre un comentario gracioso para contestar a esta estúpida frase)

Y para colmo, ¡han clasificado el juego para mayores de doce años, y avisan de que tiene lenguaje soez y violencia! No sabía que la pelea de insultos con espada podría trastornar la conducta de nuestros hijos… Menos mal que yo ya había jugado al juego y, aunque terminé comprándomelo, ya conocía lo que me iba a encontrar en él.

Definitivamente, nos tienen engañados.