Anoche, José Antonio Maldonado, el hombre del tiempo de Televisión Española, presentó su última predicción meteorológica. Maldonado ha estado presente en mi salón toda mi vida. Frente a él di mis primeros pasos, resolví mis primeros cálculos matemáticos y reventé mi primer grano de pus llegada mi pubertad.

(Interrumpo esta entrada para espetar: ¡Ay, Dios! ¡Ay, Dios! ¡Me acabo de dar cuenta de que si alguien orina al aire libre, y el pipí se evapora, luego llueve y es como si nos mearan encima!)

Tuvimos nuestros más y nuestros menos, como toda pareja. Recuerdo que me desesperaba un montón que se pusiera a hablar justo antes de que empezara Cruz y Raya, y que a él no le agradaba nada que yo cambiara de canal para que su rating bajara. Eran cosas nuestras.

Pero, ¿y la gracia con la que decía que el cielo iba a despejar en Almería? ¿O que se acercaban células de baja presión a las costas de Asturias? Esa habilidad, ese arte, eran únicos de él. Por eso, donde quiera que esté, donde quiera que vaya, Maldonado siempre será como un padre para mí. Te deseo una buena jubilación, amigo. Adiós.