Normalmente, cuando me preguntan qué voy a estudiar, suelo contestar por educación que Cine, porque no se me ocurre otra forma más cordial de decir que no me gusta que se inmiscuyan en esta parte mi vida. No me gusta, y me da rabia, porque sé casi seguro lo que me van a contestar. “A ver si me sacas en alguna peli tuya…“.

Escúcheme, señora: Sé que se está haciendo la graciosa. Sé que se está haciendo la simpática. Sé que daría cualquier cosa por salir en la tele, por salir de su rutinaria vida, por ser la más señalada de su vecindario… pero, por favor, ¿qué espera que le conteste? ¿Que lo tendré en cuenta y que me de su número de teléfono? Vamos a mantener un poco la compostura. Igual que yo le he dicho educadamente que voy a estudiar Cine para que no me haga otras* preguntas estúpidas, usted calle, sonría, y diga “¡ah, qué bien!”. Como mucho suélteme el típico rollo de que su sobrino también estudió algo así y ahora está trabajando grabando anuncios en Andorra. Tampoco tengo ánimos de explicarle que “Cine” no significa expresamente que tenga que dirigir mis propios largometrajes.

Y aquí viene la aclaración del asterisco anterior. Como en vez de Cine, conteste que quiero estudiar Guionismo, Comunicación Audiovisual, Publicidad, o cualquier carrera por la que me decante, siempre; y repito, siempre; me pedirán que les explique de qué va eso. No falla nadie. Y luego siguen: ¿Y eso tiene salidas? ¿Y dónde te irás? ¿Y cuántos años es? ¿Y…? ¿Y…?

Así que cuando me espetan que a ver si les saco en alguna peli mía, yo contesto que “¡por supuesto!”, cambio de tema, y el río de la vida sigue.